domingo, 2 de septiembre de 2007

24. De camino al arte sacro



Dejamos por fin Transilvania para internarnos en el Valle del Olt, vamos hacia los monasterios del sur, el mal estado de los caminos nos impiden llegar hasta la Bucovina, donde están los monasterios más importantes. Y ese es el destino de un viaje, abandonar el programa, dejar atracciones a la imaginación y al deseo de una futura travesía. En el camino vamos encontrando trazos de la religiosidad, presente en los caminos y en el cotidiano rumano.

23. Desayuno: cafe con vodka



Antes de partir de Sighisoara topamos esta adorable cantina, con corazones de papel y botellas de vodka en las vitrinas. Entramos por un café, nos regalan un vaso de vodka. Nuestro compañero de mesa baila cumbias rumanas y nos toma de la mano, tiene enyesado el brazo, no le duele, simplemente no quiere trabajar, prefiere tomar café con vodka a las diez de la mañana. Le pedimos a la señora que está de pie en la barra de al lado una foto, acepta después de varios minutos de timidez, se quita los anteojos de espesos lentes, despeja el profundo azul de sus ojos; con el rostro desnudo, casi ciega: se entrega.

22. Sighisoara


Sighisoara es una ciudad medieval en medio de una campiña ondulante. Se conservan once torres de defensa al pie de sus murallas, cada una había sido asignada a un sindicato, se ve la torre de los panaderos y la de los zapateros. En la gran cúpula, el reloj con la estrella de David, regalo de los judíos a la ciudad. Sighisoara vio nacer en el siglo XV al conde Vlad Tepes, príncipe de Valaquia, mejor conocido como Dracul, (hijo del dragón) quien inspiró la novela de Bram Stoker.
El hotel tiene algo misterioso, sólo nos piden 30E por un cuarto triple, y al entrar vemos escrito en la puerta "Worst hotel ever", definitivamente hay turistas que no saben apreciar lo roído y el agua fría.
En la iglesia encontramos a la dama y al dragón, rodeados de mitología medieval. Y en el retablo con el Cristo, una mujer tuerce los brazos por sobre su cabeza, y llega a la memoria de Melina un referente literario, para recordarnos que esa es una representación de dolor.


miércoles, 15 de agosto de 2007

21. Sibiu


Llegamos ya de noche a Sibiu, fuimos a cenar el plato típico de Rumania, hojas de col rellenas con carne, el menú es corto en este país, fuera de ensalada de tomates con pepino y queso, o brochetas de carne. De ese paseo nocturno por Sibiu apenas recuerdo las ventanas en forma de pupilas, donde las gotas de lluvia se asemejan a lágrimas. Vamos a buscar hotel, no encontramos en el centro, a las afueras nos alojamos en el "Sport hotel", la única relación con el deporte es su cercanía con el estadio. Nos recomiendan el museo ecológico, convenzo a Yael, no nos podemos perder un museo al aire libre, según mi imaginación, es sobre el arte bruto, la belleza del ingenio humano. Para nuestra decepción, el museo es un parque con réplicas de las casas comunes de Rumania, de las que ya hemos visto las originales en la carretera. Nos persigue el guardián del parque, por fin nos alcanza, nos están buscando los del hotel, nos acusan de robar el control del televisor (no les pido fe en nuestra honestidad, pero sinceramente, es lo último que se me ocurriría hacer). Seguimos atravesando el parque, pasamos por un zoológico cuarenta años atrasado, al igual que el país, el león está encerrado en una jaula diminuta, los monos parecen la resurrección de Mme. Bovary. Por fin encontramos la salida del parque y el coche, pero no nos dejan salir, los del hotel nos persiguen. Abrimos las maletas y efectivamente, Yael se había llevado por error el control. No obstante, cuando lo encontramos, nos dimos cuenta de que habíamos perdido las llaves del coche, que encontramos varios minutos después en la maleta, donde antes buscábamos el control. En fin, entre otras cosas, hemos perdido también la mañana, que quizás vuelva Magdalena sabor a adobe.

20. Viejitos



Las tardes en Rumanía, de horas vacías después de la jornada de trabajo, de arar la tierra con el cuerpo y hacer montos de paja con las manos. Camino de regreso, montados en la carreta. Antes de caer la noche el tiempo se alarga y acontece la vida simple, de quehaceres innecesarios. Los ancianos se sientan en las bancas frente a los portones, y uno de ellos discute con el otro y utiliza las manos a more geométrico, nos saludan desde las ventanas, les somos tan exóticos como ellos a nosotros, tan extrañas. Y los ancianos ríen, sospechan sabiamente, y uno de ellos me toma de la mano para guiarme al hotel, aunque ya no recuerda la calle, porque la memoria se vuelve selectiva a cierta edad y los días son largos, intemporales, como en el viaje.

19. ¿Ya llegamos?

Una hebra de lana entra por la ventana, yo estoy concentrada en la leer nuestra lírica guía francesa, basada en las experiencias y sensaciones de su autor, un blog impreso, incapaz de datos cuantitativos o de alguna información precisa, pero eso sí, de repente Verlaine lo posee, los pueblos de pastores a media tarde, (no dice qué kilómetro). Pregunto en voz alta si ya llegamos a los pueblos de pastores, y tras unas risas (y una hebra de lana sobre la nariz) levanto la mirada y veo este paisaje. Nos bajamos a platicar con la familia, les tomamos fotos, bendita cámara digital que les permite ver su imagen, se emocionan, quieren que les enviemos las fotos por correo, el padre nos dice que quiere ir a Jerusalem. El padre habla de sus sueños, mientras las mujeres recogen la lana. La Jerusalem terrestre no es para nosotras. (si al autor de la guía lo atacan impulsos poéticos, ¿por qué reprimir mis impulsos feministas?)

lunes, 13 de agosto de 2007

18. Pink horses

Les presentamos a nuestro auto, "brand new" como no los publicitó nuestro agente Hoffman en Budapest, quien muy amablemente nos rentó el carro y nos mandó durante nuestra estancia mensajes al celular con el tipo de cambio y el estado del tiempo. Nuestro auto es estilo señora cuarentona, como pueden ver en la foto, junto al equipo de viajeras y nuestro amigo Alin. Para mantener a pilotas y copilotas en estado de vigilia, nos hacemos transfusiones de cafeína a toda hora, el gran descubrimiento del viaje es el Power Pink Horse light, un red bull con sacarina. El six pack viene con una caja de condones. El coche se empieza a adaptar a una nueva decoración de interiores, entre basuras, cajas de condones, la toalla que compramos a mitad de la carretera de Pamela en bikini - y que el vendedor, un ejemplo de corporeidad rumana, con pansita de fuera, no entendía porque la queríamos comprar y entonces nos ofrecía sandalias de bambú y otras feminidades- Y sobre la bella Pamela, mis calzones secándose. Sí, soy pobre en ropa interior. Pienso que debí de haber invertido en eso los 30,000 dinares.